sábado, 23 de marzo de 2013

Nobles y aristócratas

Desde la prehistoria los grupos humanos han sido liderados por aquellos presumiblemente más capacitados. Para que la supervivencia de la especie se asegure en un medio hostil es necesario que los más fuertes e inteligentes lleven las riendas, de lo contrario el hombre involuciona hasta que un día desaparece. No hay más que ver las muchas especies de animales extintas en el pasado. Sí, el hombre errante fue regido por los avatares de la naturaleza y el destino como los animales. Guste o no en la naturaleza lo que sobrevive es la eficacia. Dichos líderes recibieron el nombre de "nobles" (propiamente: conocido, ilustre) o "aristócratas" (literalmente: el mejor). La nobleza o fama la ganaban a través de acciones heróicas o con servicios prolongados que beneficiaban a la comunidad.





La invención de la agricultura permitió a las comunidades asentarse y evolucionar tecnológicamente para vencer el constante combate de la supervivencia. Con el sedentarismo podían permitirse el lujo de tener jefes mediocres y seguir tirando, algo impensable en una vida nómada. Algunos aristócratas aprovecharon su liderazgo para favorecer a sus familias, nació así la línea sucesoria en el mando. En otros casos los líderes eran elegidos engañando al pueblo (demagogia), con lo que en muchos casos los mejores para la sociedad dejaron de ser los ilustres...





Se creía que la línea sucesora de un noble o aristócrata tendría, gracias a la genética, el don de sus antepasados. Calculado error, pues la realidad demostró que no pocos mandamases eran incluso innobles o gentuza. Muchos líderes infames e ineptos trataron de ampliar ciegamente su poder por medio de guerras y sometimiento. Para ello se valieron de secuaces de su calaña que obedecían sin rechistar a cambio de favores y prebendas. En las plutocracias los nobles fueron mercaderes, en las democracias los senadores mientras que en las sociedades feudales los latifundistas. El gobierno de los aristócratas o meritocracia quedó olvidado definitivamente.




Se analizarán las diferentes clases de nobles en España, y gracias a su origen etimológico podrá comprobarse qué clase de servicio realizaban para alcanzar un título nobiliario. Los buenos aficionados al rol encontrarán interesante esta aproximación histórica así como su posible aplicación a un mundo de fantasía. Empezamos.  



Barón: "Hombre noble", después "título nobiliario" (1605, acepción importada del catalán y el francés); probablemente del germánico baro "hombre libre, apto para la lucha", emparentado con el escandinavo antiguo beriask "pelear". La palabra varón "persona de sexo masculino" (s.XIII), no es más que una generalización semántica del mismo vocablo: con una y otras acepciones se encuentran desde los orígenes así varón como barón, y solo desde el s.XVI tiende a generalizarse la artificial distinción ortográfica de la actualidad, debida al influjo del latín vir "varón" entre los humanistas, voz que nada tiene que ver primitivamente con "varón".

San Isidoro (s.VII) da una clave para el origen  de los barones: Los mercenarios son los que prestan servicio a trueque de una merced. Se les aplica también el nombre griego de "barones", porque son gente esforzada en el trabajo. Precisamente "barys" significa recio, es decir, fuerte. Su contrario es débil, sin fuerzas.





En Francia durante la época feudal los barones fueron al principio los altos personajes del reino: los "altos barones". Posteriormente existieron los "barones ordinarios" o vasallos de los altos barones. Más tarde barón fue un título reservado a los pequeños nobles, y en la jerarquía feudal ocupaba el lugar siguiente al vizconde. En Alemania la evolución fue semejante. Los barones ingleses derivan de los normandos y del then anglosajón y tuvieron gran importancia en el dominio legislativo al formar parte de la Curia regis.





En Navarra y Aragón, los barones o seniores constituían la alta nobleza, formaban parte de la Curia regis y regían los honores o distritos administrativos. En Cataluña, los barones o rics-homes fueron los condes, vizcondes y valvasores. Pero además existieron barones en el sentido jerárquico, a semejanza de los franceses. En León y Castilla, la palabra tuvo un sentido muy alto y sirvió para designar a los magnates. Durante la Edad Moderna, algunos señores jurisdiccionales llevaron el título de barón. La abolición de estos señoríos jurisdisccionales data de las cortes de Cádiz (1812), como la de los barones franceses de la revolución de 1789.



Caballero: Del latín tardío caballarius. Al principio, el caballero romano (equites) era un ciudadano rico perteneciente a una de las 18 centurias ecuestres. A partir del siglo III a.C., se distinguía la clase senatorial de la orden ecuestre, que agrupaba a los grandes propietarios y hombres de negocios excluídos de la nobleza. Estos caballeros fueron accediendo paulatinamente a cargos públicos; su primera función fue la de miembros de los tribunales. Se les concedieron honores especiales: llevaban una toga con banda púrpura, un anillo de oro y tenían lugares reservados en las fiestas públicas. Augusto fundó una nueva orden ecuestre, basada también en la fortuna, en la que él mismo y sus sucesores reclutaron durante tres siglos a los funcionarios en la administración imperial. En el Bajo Imperio, las reformas de Diocleciano y Constantino I tendieron a fundir en un sólo grupo a senadores y équites, con lo que el orden ecuestre tradicional desapareció a finales del siglo IV.




En la corona de Aragón, los cavallers, formaban el estrato inferior de la jerarquía feudal, y eran integrantes de la pequeña nobleza. Esta pequeña nobleza fue adquiriendo un marcado carácter rural, sufriendo una acelerada decadencia económica con los Austrias: los empobrecidos cavallers catalanes capitanearon a menudo partidas de bandoleros y fueron decisivos en la guerra de Separación de 1640. En la corona de Castilla, el término caballero fue empleado en sentidos diversos, ya desde la Baja Edad Media. Inicialmente era sinónimo de noble, ya que éste era un profesional de las armas. Designó también, en menor medida, a la pequeña nobleza y a aquellos que habían sido armados caballeros (se decía así caballero de hábito al perteneciente a órdenes militares y caballero de espuela dorada al hidalgo armado solemnemente).





Pero también señalaba a quien poseía caballo y armas, y perteneciente a la caballería villana, que presentaba una multitud de matices. Finalmente fue usado para designar a quienes poseían medios económicos para mantener un caballo, tanto si lo tenían o no y fueran o no fueran nobles. Jurídicamente era caballero aquel que había sido armado, con lo que no era necesariamente un noble era caballero, ni viceversa (los caballeros pardos eran aquellos que, sin ser nobles, alcanzaron privilegios de hidalgo). Poco a poco la diferencia entre caballero (título obtenido personalmente) e hidalgo (título proveniente de sus antecesores), se hizo más vaga, y el término caballero fue perdiendo su sentido concreto, pasando primero a designar a hombres dotados de determinados rasgos morales, representativos de la clase dominante, y finalmente, a ser mero sinónimo de cortesía de la palabra "hombre".





Conde: Raíz ei- (ir). Procedente del latín comes "compañero". Derivados son comitre "persona encargada de dar órdenes a la tripulación"; comitiva (del latín tardío comitium dignitas: categoría de conde o acompañante del emperador); condestable (latín stabuli: conde encargado del establo real) y vizconde (latín vice: en lugar). En el Bajo Imperio se aplicó a los nobles que vivían en el palacio imperial y acompañaban al soberano en sus expediciones, y acabó por convertirse en el nombre de un escalón determinado de la jerarquía feudal. Abajo corona condal.





Los hombres que rodeaban al emperador, los amici Caesaris o amici Augusti, constituían el consejo del príncipe ejercieran o no funciones políticas o administrativas. Constantino aumentó el número de sus "compañeros"; a partir de entonces fueron los "fieles" del emperador y formaron una categoría especial en el cuerpo de los funcionarios imperiales. Los más importantes tenían su sede en el consistorium, nuevo nombre del Consejo del príncipe. Entre los condes encargados de funciones precisas, hay que citar: el conde de las dádivas sagradas, encargado de los gastos del estado; el conde de los asuntos privados, encargado de administrar los bienes personales del soberano; el conde que mandaba la guardia imperial; el conde de Oriente, dotado de poderes militares en esta diócesis particularmente importante.





En la Edad Media los condes (en el sentido romano del término) desaparecieron en occidente con el imperio. Los reyes bárbaros tomaron este título de los romanos para distinguir con él una institución que les era familiar. Los condes fueron aquí también los miembros inmediatos del séquito del monarca, ligados a él por un juramento de fidelidad. El rey escogía entre ellos sus consejeros y oficiales de palacio. Algunos eran enviados en misión, encargados de administrar en nombre de aquél unas circunscripciones llamadas civitates o pagi. Los que formaban parte de la corte se llamaban condes palatinos y gozaban de considerable influencia. En la corte visigoda, por ejemplo, estos condes palatinos desempeñaban toda una serie de cargos importantes y formaban parte del aula regia. En la monarquía asturleonesa, en cambio, estos oficios palatinos se vieron muy reducidos y los condes ejercieron sobre todo funciones de gobierno en unos distritos administrativos o mandaciones, que recibían el nombre de condados cuando era el funcionario que se hallaba al frente.





En la primera etapa del imperio carolingio, y especialmente en tiempos del propio Carlomagno, los condes fueron simples agentes del soberano, encargados de una misión precisa y temporal, eran controlados por los missi dominici. Con los últimos carolingios, se fueron convirtiendo en una aristocracia de terratenientes y en pocos decenios llegaron a ser poderosos señores que poseían títulos y bienes de carácter hereditario. A partir del XIII, la centralización monárquica se hizo a expensas de los condes, que perdieron los derechos usurpados y tuvieron que someterse.





En España, el reforzamiento del poder real en la Corona de Aragón llevó a una desparición progresiva de los condes como señores que ejercían un dominio sobre una demarcación territorial, para irlos convirtiendo gradualmente en miembros de una jerarquía nobiliaria cada vez más ligada a la corte. Más extremo resultó aún el caso de Castilla, en donde al término de la Edad Media, los títulos nobiliarios eran escasísimos. Las últimas veleidades de independencia de la nobleza desaparecieron de hecho a partir de los Reyes Católicos.





Duque: Raíz deuk- (conducir, llevar). Del latín duco "llevar, conducir". El francés antiguo duc y el latín dux significan "general". En el Bajo Imperio romano se aplicó a dignatarios de las provincias que ocupaban un alto cargo cívico-militar. Abajo corona de duque.





Según San Isidoro: Al duque se le da este nombre porque es quien conduce el ejército. Sin embargo no todos los duques o príncipes pueden recibir también el título de rey: cuando se trata de la guerra es preferible de la denominación de duque a la de rey, porque con el primer nombre se está designando al que conduce en medio de la batalla. Por eso Virgilio habla de Evandro como duque y no como rey; Y Salustio escribe: "Por ello cada uno se esforzaba en mostrarse valeroso en presencia del duque". No dice en presencia del cónsul.





A principos del s.V, el duque ostentaba el mando militar de las tropas romanas de guarnición en una provincia. En la tradición germánica, representaba también un jefe militar elegido. A partir del s.VII, los duques ejercieron además del mando militar, poderes cívicos y jurídicos. Carlomagno procuró disminuir el poder de los duques, pero hacia finales del imperio carolingio, éstos tendieron a arrogarse la soberanía hereditaria de los países cuya administración les había sido confiada. En la Edad Media, con el establecimiento de la autoridad real, el título ducal era otorgado por el rey. En España el dux o duque visigodo sustituyó desde fines del s.VI al gobernador que estaba al frente de las provincias romanas, acumulando los poderes militares, judiciales, etc. Pero las peculiares circunstancias de la invasión musulmana y de la Reconquista hicieron desaparecer los ducados de la Península en la Edad Media, y el título fue concedido muy raramente hasta el s.XV, reservándose en general para los miembros de la familia real.





Gentilhombre: Raíz gen- (dar a luz, parir). Gentil "perteneciente a la misma familia". El gentilhombre, de familia libre, era en tiempos de los francos un soldado de un cuerpo selecto, que, a diferencia del autóctono, nunca fue campesino o siervo, y que, posteriormente, pasó a ser miembro de la familia feudal. Si era noble poseía el feudo y podía ser armado caballero; cuando pasaba a ser súbdito del trono, se encargaba de la guardia de los soberanos y del servicio de la gente de armas. Con el tiempo, el rango de gentilhombre perdió categoría.




Posteriormente, en Europa, y también en España, existieron diferentes tipos de gentileshombres: gentilhombre de boca, o de lo interior, criado de la casa del rey, en clase de caballeros, que seguía en grado al mayordomo de semana: su destino propio era servir a la mesa del rey; gentilhombre de cámara, persona de distinción que acompañaba al rey en ella y cuando salía; gentilhombre de la casa, el que acompañaba al rey después de los gentiles hombres de boca; gentilhombre de manga, criado cuyo empleo honorífico se estableció en la casa real para servir al príncipe y a cada uno de los infantes mientras estaban en la menor edad.






Hidalgo: Del latín filius "hijo". "Hidalgo" (fijo d'algo) tiene el sentido primitivo de "hombre de dinero", por oposición al villano.



En la Edad Media se llamaban hidalgos a los infanzones o nobles de linaje, y desde el s.XII identificó generalmente a la nobleza secundaria. Su condición nobiliaria les eximía de cargas y tributos, pero la carencia de fortuna les impedía compararse con los grados superiores de la aristocracia: los caballeros y la nobleza titulada. Eran solariegos, cuando procedían de un linaje y solar conocido; de privilegio, cuando habían adquirido la nobleza en recompensa de algún servicio hecho a la corona; notorios, los que eran tenidos por tales pero no habían podido probar su condición (de gotera, cuando éstos últimos solo eran considerados como nobles en el lugar donde residían, pero no fuera de él); de ejecutoria si habían litigado y la habían probado; un caso particular eran los llamados hidalgos de bragueta, o sea quienes habían recibido las exenciones y privilegios de nobleza por tener doce o más hijos varones.





La nobleza de sangre no consideraba como de los suyos más que a los solariegos, y procuró excluir a los de privilegio de los honores y cargos reservados a la aristocracia, como la entrada en las órdenes de Calatrava y de Santiago. En España el número de hidalgos era muy elevado, aunque irregularmente distribuido: fueron muy abundantes en la región cantábrica (los habitantes de Guipúzcoa, Vizcaya la Montaña santanderina pretendían serlo en su totalidad) e iban disminuyendo hacia el sur.  





Infante: Raíz bha-2 (hablar). Propiamente "que no habla"; del italiano tomó la acepción "joven noble" "soldado de infantería". Los hijos no primogénitos de los reyes de la Península Ibérica, esto es, los hijos de los reyes de Castilla, Aragón, Navarra, Portugal y España. En Castilla y León, así como en Aragón, durante la Edad Media los herederos al trono llevaban el título de infante hasta que en 1388 Juan I de Castilla con motivo de la boda de su hijo Enrique con Catalina de Lancaster, concedió al heredero el título de Príncipe de Asturias, igualmente en el reino catalanoaragonés, Pedro el Ceremonioso, en 1351, instituyó el título de duque de Gerona para su primogénito Juan. De todos modos, el título de infante continuó usándose para designar a los hijos de los reyes. Asimismo también se daba el tratamiento de infante a algunos parientes del rey que lo obtenían por privilegio.






Infanzón: Del latín vulgar infantio, onis- . Aumentativo de infans "joven noble", con el valor de "joven noble ya crecido". Noble superior a un hidalgo e inferior a un ricohombre. Los infanzones eran nobles de linaje o de abolengo, hasta que en el s.X se concedió el título en Castilla, a los poseedores de un caballo que luchaban como milites. En Aragón existían los infanzones hermunios o hermunes (de abolengo), los de carta y los de población (respectivamente, por concesión individual y colectiva del rey), y en Navarra los de obanos (de abolengo) y los de abarca (labradores libres). De uno u otro modo, los infanzones estaban ligados al rey o a otro señor por vínculos de carácter feudo-vasallático.





Marqués: Ráiz merg- (frontera, linde). Del germánico mark- (marca, frontera, borde); Marqués (francés antiguo marquis; occitano antiguo marqués; latín medio marchisus) "jefe de un territorio fronterizo". Derivado es Comarca "territorio colindante". En la Alta Edad Media, era el jefe supremo de las tropas de una marca fronteriza (por ejemplo la Marca Hispánica). En los reinos hispánicos, la concesión del título de marqués fue poco frecuente durante el medievo, mientras que aumentó a partir del s.XVI y se aceleró en el XVII en que los reyes concedían indiscriminadamente los títulos de marqués o conde, considerados entonces de igual categoría en contrapartida de servicios o donativos.






Príncipe: Raíz per-1 (primero). Compuesto del latín primus "el que está adelante" "el primero" y caput "cabeza". De origen romano (princeps), el título de príncipe se utilizó en la Edad Media para designar al soberano de un pequeño estado, especialmente en Italia y Alemania. En España fue utilizado frecuentemente por los reyes hispanogodos y asturleoneses como representantes de la máxima jerarquía feudal y de la autoridad política del estado; del mismo modo, en Cataluña el conde de Barcelona tomó el título de príncipe por su hegemonía sobre los demás señores feudales. En 1388, Juan I de Castilla, con motivo de la boda de su primogénito y heredero Enrique, concedió a éste el título de príncipe de Asturias, título que a partir de los Reyes Católicos quedó como una dignidad honorífica inherente a la persona del heredero al trono.






Ricohombre: Raíz reg-1 (mover en línea recta, conducir). Del gótico reiks "poderoso, fuerte". En los reinos hispanocristianos, durante la Baja Edad Media, nombre que se daba a los nobles de mayor categoría y poder económico-social. Gozaban de numerosos privilegios (jurisdicción en sus dominios, exenciones tributarias, reclutación de las huestes señoriales); prestaban ciertos servicios al rey por el vínculo de vasallaje, y a su vez poseían sus propios vasallos nobles (infanzones y caballeros). Debido a los servicios prestados, fueron recompensados con grandes dominios territoriales, como señoríos propios, en los que ejercían plenos poderes políticos; por otra parte, administraban los territorios que el rey les cedía como feudos. Constituyeron una clase con gran poder militar y social, y a principios de la Edad Moderna pasaron a ser los grandes de España.






Señor: Raíz sen- (viejo).. Comparativamente, senior, cuyo plural seniores se empleó en el Bajo Imperio para designar a los viejos más respetables, sea los miembros del senado romano, sea los dirigentes de las comunidades hebreas y cristianas; a principios de la Edad Media llegó a ser sinónimo de déspota o dueño (dominus). En los reinos hispanocristianos, el señor con atribuciones jurídico-públicas apareció con la formación de los primeros señoríos, al iniciarse la Reconquista. Con el desarrolo del régimen feudal aumentaron los privilegios del señor, quien disfrutaba de su feudo, cedido por el rey u otro magnate, y tenía derecho sobre los vasallos, que le debían fidelidad. Las funciones de los señores era muy diversas: administrar justicia según la competencia cedida por el rey u otro señor; percibir los tributos en su propio provecho; nombrar oficiales de la autoridad señorial; mantener el orden; otorgar fueros a las ciudades y, de acuerdo con ellas, nombrar alcaldes y jueces, y exigir las prestaciones militares en expediciones guerreras por su cuenta en ayuda del rey.




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